Al momento de elaborarse esta nota, la disputa entre la Confederación General del Trabajo (CGT) y el Gobierno nacional por la reforma laboral ya se había trasladado al terreno judicial y permanecía suspendida por decisión del fuero laboral.
Sin embargo, el 23 de abril de 2026 la Sala VIII de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo resolvió otorgar efecto suspensivo a la apelación presentada por el Estado nacional y dejó sin efecto la medida cautelar dictada por el Juzgado N° 63. De este modo, los 82/83 artículos de la Ley 27.802 que habían sido frenados recuperaron vigencia inmediata, mientras continúa el trámite de fondo sobre la constitucionalidad de la norma.

Aunque el 28 de abril de 2026, solo unos días después, la Sala IV de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal resolvió el conflicto de competencia y determinó que el caso debe tramitarse en su fuero (Contencioso Administrativo) y no en el Laboral.
Puede notarse que la disputa legal por la Ley 27.802 de Modernización Laboral ha dado un giro drástico que redefine el escenario para empresas y trabajadores en Argentina. Tras meses de parálisis en los tribunales laborales, dos decisiones consecutivas a fines de abril de 2026 han devuelto al Poder Ejecutivo la vigencia de su reforma estrella, trasladando además el pleito a un terreno judicial considerado más técnico y menos protectorio.
De la suspensión a la plena vigencia
El pasado 23 de abril, la Sala VIII de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo marcó el primer hito de esta nueva etapa al otorgar “efecto suspensivo” a la apelación del Estado Nacional. Esta resolución dejó sin efecto la medida cautelar que el Juzgado N° 63 mantenía sobre 83 artículos de la norma. Como consecuencia, la reforma laboral volvió a estar plenamente vigente, permitiendo la aplicación inmediata de cambios estructurales en periodos de prueba, multas por informalidad y regímenes de indemnización, mientras se aguarda una sentencia definitiva sobre la constitucionalidad de la ley.
El cambio de tablero: el expediente pasa a la Justicia Federal
Apenas cinco días después, el 28 de abril, el conflicto sumó un nuevo capítulo determinante: la Sala IV de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal resolvió el conflicto de competencia y ordenó que el expediente sea tramitado en el fuero Contencioso Administrativo, desplazando definitivamente a la justicia laboral. Los jueces argumentaron que, al estar en discusión una ley del Congreso y ser el Estado Nacional la parte demandada, la órbita federal es la que debe entender en la causa.
La contraofensiva de la CGT
La respuesta de la central obrera no se hizo esperar. Ante lo que consideran un “desguace” de la justicia especializada, la CGT ha recusado a los magistrados de la Cámara del Trabajo que habilitaron la vigencia de la ley y solicitó la nulidad de sus actuaciones. Desde el gremialismo sostienen que el traspaso de fuero busca garantizar un fallo favorable al Gobierno, alejando la discusión de los principios protectores del derecho laboral.
Un horizonte que apunta a la Corte Suprema
A pesar de la vigencia actual de la ley, el clima de incertidumbre persiste. Si bien el recurso de per saltum presentado originalmente por el Ejecutivo ha perdido urgencia —dado que la ley ya está operativa—, el fondo de la cuestión constitucional sigue abierto. El derrotero judicial parece tener un destino inevitable: la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que tendrá la última palabra sobre la validez de la Ley 27.802.
En este escenario, el mercado laboral opera bajo nuevas reglas que, aunque vigentes, permanecen sujetas a la resolución final del máximo tribunal. La pulseada no solo expone la tensión entre el Ejecutivo y el sindicalismo, sino que pone a prueba la estabilidad del sistema normativo laboral en un contexto de profunda transformación económica.
La pulseada judicial por la reforma laboral expone la tensión entre la voluntad política del Gobierno y la resistencia sindical encabezada por la CGT. La decisión de la Cámara de restituir la vigencia de la norma devuelve al Ejecutivo una herramienta clave, pero no despeja la incertidumbre: la discusión constitucional sigue abierta y podría escalar hasta la Corte Suprema. Así las empresas y trabajadores se ven obligados a aplicar los cambios mientras aguardan una definición definitiva, en un clima de inseguridad jurídica que refleja la magnitud del debate sobre el futuro del trabajo en la Argentina.
