| En este artículo la autora señala que en la Argentina, los sindicatos nacieron como herramientas de defensa y organización colectiva, pero con el paso del tiempo muchos se transformaron en estructuras rígidas, donde la burocracia y la concentración del poder parecen pesar más que la voz de los trabajadores. La pregunta que atraviesa esta nota es inevitable: ¿cómo puede una institución que debería ser democrática y participativa terminar convertida en un espacio cerrado, donde la renovación es casi imposible y la representación real se diluye? |
Una de las críticas más frecuentes al modelo sindical argentino tiene que ver con la tendencia de algunos dirigentes a quedarse en el poder durante muchos años. Esto ocurre porque la Ley 23.551 no pone límite a la cantidad de veces que una misma persona puede ser reelecta. Si un secretario general es elegido cada cuatro años y puede volver a presentarse indefinidamente, puede llegar a estar veinte o treinta años en el mismo cargo.
Esta situación genera algunos problemas concretos. Cuando la conducción lleva muchos años, tiende a acumular mucho poder: maneja el dinero del sindicato, decide quiénes trabajan en la organización y a veces controla la obra social. Todo eso hace que sea muy difícil para las listas opositoras competir en igualdad de condiciones.
La empresa en la que trabajo se encuadra dentro del gremio de Sanidad, Héctor Daer es el actual secretario general de la Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad de Argentina (FATSA) y de la Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA) seccional Buenos Aires. En mayo de este año, fue reelecto para continuar al frente de la federación nacional hasta el año 2030. Comenzó su actividad gremial en la década de 1980 como delegado general en laboratorios farmacéuticos, en 1993 asumió como secretario gremial de ATSA Buenos Aires y llegó a la secretaría general de la seccional en el año 2001… Lleva 33 años alejado de un puesto de trabajo, nada más lejos que saber cuál es la realidad de los trabajadores del sector.
A esto se suman otras limitaciones: para ser candidato hay requisitos de antigüedad, los reglamentos electorales muchas veces los arma la misma conducción de turno, y el acceso a los listados de afiliados para hacer campaña no siempre es fácil. El resultado es que en muchos sindicatos la renovación de las autoridades no existe.
Representación y género
En el año 2002 se sancionó la Ley 25.674, conocida como la ley de cupo sindical femenino (N. de la R.: esta ley modificó la ley 23551 agregando el art. 18 bis). Lo que dice es que las mujeres deben tener representación en los cargos del sindicato en la misma proporción en que están presentes en esa actividad. Si en un sector el 60% de los trabajadores son mujeres, al menos el 60% de los cargos de conducción deberían estar ocupados por mujeres.
Sin embargo, la realidad muestra que esta ley no se cumple. En muchos sindicatos donde la mayoría de los afiliados son mujeres (como en educación, salud, trabajo doméstico) los cargos más importantes siguen siendo ocupados por hombres. Cuando hay mujeres en las conducciones, generalmente se les asignan secretarías de menor jerarquía o con menos incidencia real en las decisiones.
Tengo 54 años, más de 30 años trabajando formalmente en distintas actividades, en algunas la mayoría de las trabajadoras eran mujeres, y jamás conocí una delegada. Los referentes sindicales siempre eran hombres.
El problema no es solo de representación en los cargos. La perspectiva de género en los sindicatos también implica negociar mejores condiciones para las trabajadoras en los convenios colectivos, tener protocolos contra el acoso y la violencia laboral, y generar espacios reales donde las mujeres puedan participar y tomar decisiones.
La desconfianza social hacia los sindicatos
Hoy en día, muchas personas desconfían de los sindicatos. Las encuestas lo muestran de manera consistente: los gremios suelen aparecer entre las instituciones con menor credibilidad en la Argentina.
Esto pasa por varias razones. Una de las más nombradas es la percepción de corrupción: dirigentes que se enriquecen con el dinero de los afiliados. También influye la sensación de que las conducciones están más preocupadas por la política que por los trabajadores, y que lo que se negocia en los paritarios no siempre refleja lo que piden las bases.
Ante este escenario, hay algunas medidas concretas que podrían ayudar a mejorar la situación:
• Publicar los balances en internet: Obligar a los sindicatos con personería gremial a publicar sus cuentas de manera clara y accesible en sus páginas web y en el portal del Ministerio de Trabajo. Que cualquier afiliado pueda ver en qué se gasta el dinero de sus cuotas (N. de la R. la ley exige la presentación de balances ante la autoridad de aplicación (art. 28 y ss.), pero no obliga a publicarlos en línea).
• Limitar la reelección: Reformar la ley (art. 18 de La Ley 23.551) para que nadie pueda estar más de dos mandatos seguidos en el mismo cargo. Esto fomentaría la renovación de liderazgos y haría que más gente pudiera participar.
• Fortalecer a los delegados de base: Invertir en capacitación para los delegados, crear mecanismos para que los trabajadores puedan expresar su opinión antes de las grandes negociaciones y permitirles que puedan pedir explicaciones a sus representantes de manera directa.
Estudio de caso: FATSA
FATSA significa Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad Argentina y es el sindicato de segundo grado que nuclea a todos los trabajadores de la salud y la sanidad en el país. Representa a cerca de 200.000 trabajadores y su objetivo principal es defender los derechos gremiales, salariales y laborales.
Cómo opera:
• Estructura gremial: FATSA agrupa a todas las ATSA (Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad Argentina) de las distintas provincias y regiones del país. Negocia las paritarias y los Convenios Colectivos de Trabajo a nivel nacional para clínicas, sanatorios, laboratorios y droguerías.
Qué beneficios brinda:
• Obra social (OSPSA): Brinda cobertura médica a sus afiliados en todo el país.
• Beneficios y capacitación: Administra centros de capacitación, becas universitarias y opciones de turismo y hotelería para los trabajadores.
FATSA es una asociación sindical de segundo grado porque no está formada directamente por trabajadores individuales, sino por una agrupación de sindicatos de primer grado (A.T.S.A.).
La estructura se organiza de la siguiente manera:
• Sindicatos de primer grado A.T.S.A.: Agrupan directamente a los trabajadores individuales de la salud dentro de una provincia, región o localidad específica (por ejemplo, ATSA Buenos Aires).
• Sindicatos de segundo grado F.A.T.S.A.: Es la Federación que nuclea, representa y coordina a todos los distintos sindicatos de primer grado a nivel nacional.
Esta estructura de segundo grado le otorga a la Federación mayor poder de negociación para discutir convenios colectivos, salarios y políticas laborales a nivel país con las cámaras empresariales del sector
Conclusión
El modelo sindical argentino tiene una historia muy rica y herramientas legales importantes. El desafío que tiene por delante es cerrar la distancia entre lo que dice la ley y lo que pasa en la realidad, para que los sindicatos vuelvan a ser organizaciones en las que los trabajadores confíen y se sientan representados. Y acá quiero terminar con algo más personal: creo en la política, creo en la organización colectiva y en la participación sindical como forma de cambiar las condiciones de trabajo y de vida. Pero lo que este trabajo me dejó en claro es que el problema no es solo la falta de interés de los trabajadores, como suele decirse: es que las estructuras están armadas, muchas veces a propósito, para que quienes tienen interés en participar no puedan hacerlo. Los requisitos de antigüedad para ser candidato, el control de los padrones por parte de la conducción, la dificultad para acceder a recursos para hacer campaña, el peso institucional de las listas oficialistas, todo eso funciona como un filtro que desalienta la participación genuina y garantiza la continuidad de quienes ya están. No es un problema de actitud: es un problema de diseño.
Y mientras no se cambie ese diseño, el discurso de “participá, afíliate, involucrate” suena más a trampa que a invitación.
María Eugenia Caballero
