En esta oportunidad entrevistamos al doctor Héctor Francisco, investigador independiente del IMHICIHU-CONICET y docente de la FFyL de la UBA y al Dr. Pablo Souza Docente e investigador de la UNSAM y la UNICEN, quienes nos hablaran del principal organismo de ciencia y tecnología de Argentina.
BL: ¿Qué es el CONICET?
HF: El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) es un ente autárquico del Estado Nacional, dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Es el principal organismo de promoción científica y tecnológica en Argentina, con más de 11.800 investigadores (CIC), 10.300 becarios, 2.800 técnicos y 1.400 administrativos, que son el Personal de Apoyo (CPA). Su estructura se distribuye en 17 Centros Científico-Tecnológicos (CCT), 7 Centros de Investigaciones y Transferencia (CIT) y más de 300 institutos y centros en todo el país.
Los investigadores se dividen en cuatro categorías, Investigador asistente (es la más baja y por la que generalmente se ingresa), son por lo general los más jóvenes y se encuentran bajo la tutela o dirección de otro investigador de una categoría superior. Investigador adjunto; Investigador independiente; Investigador superior e Investigador principal que es la máxima categoría.

BL: ¿Cómo se divide la investigación científica?
HF: A muy groso modo (y a riesgo de simplificar demasiado) la investigación científica se divide en dos grandes ramas: primero está la ciencia básica cuyo objetivo principal es generar conocimiento, sin buscar una aplicación práctica inmediata. Esa rama es un poco la base de la ciencia. Por otro lado, está la ciencia aplicada que se apoya en la ciencia básica para resolver problemas concretos. La articulación entre ambas dimensiones es fundamental porque una no puede subsistir sin la otra. Los ejemplos abundan, ¿Cómo podría avanzar la informática (una ciencia aplicada) sin el conocimiento desarrollado por la matemática, la más abstracta de las ciencias? Incluso las ciencias humanas como la filosofía, la antropología o la historia (consideradas como el arquetipo de la “ciencia inútil”) se han probado muy relevantes a la hora de entender nuestro mundo y actuar sobre él para mejorarlo.
BL: ¿Es real la existencia de prejuicios en el propio campo científico?
PS: Bueno, justamente ahí se plantea el famoso problema de la “utilidad”. Muchas veces se escucha “¿para qué sirve, tal o cual disciplina? ¿De qué sirve estudiar tal o cual tema? Por lo general esos cuestionamientos traen implícito que la utilidad es esencialmente económica e inmediata. A ese tipo de cuestionamientos uno debe contestar ¿Y quién determina lo que es útil o no? ¿El estado? ¿El mercado? ¿Cómo saber si un determinado conocimiento es o no útil? ¿Y a qué o a quién le resulta útil?
Es importante decir que el problema de la utilidad de la ciencia es, en sí mismo, una fuente inagotable de preguntas. Hay disciplinas como los estudios sociales de la ciencia, la antropología de la ciencia, o la historia de la ciencia que han dado muchas respuestas a esa pregunta. Porque no hay un sentido oficial o más válido que otros. Hay experiencias de países que han armado sus complejos científicos y tecnológicos influenciados por las demandas del mercado, y hay otros que lo han hecho influenciados por la guía del estado a través de políticas públicas. En ambos tipos de experiencias hay buenos resultados. Hay una suerte de “tablas” sobre este tema. Dicho esto, no es menos cierto que en países como Argentina, donde el “mercado” se ha resguardado a prudente distancia de la innovación científica y tecnológica hasta bien entrado el actual siglo, es el estado el actor clave en la construcción de una política científica y tecnológica de calidad. Y también es cierto que la utopía liberal de una nación de vanguardia sin ciencia y tecnología, es inviable a mediano y largo plazo. Después de la pandemia el equipo de biotecnología de la UNSAM, el Conicet y el laboratorio Cassará armaron una vacuna argentina contra el COVID, reconocida como una de las mejores en el mercado, incluso con un potencial de exportación nada menor. ¿Te imaginas un nuevo ciclo pandémico sin vacunas, sin la presencia del Conicet, las universidades y los laboratorios locales detrás de este proyecto? Por otro lado, recordá que países de vanguardia científica y tecnológica como EEUU que, a través de la ley Bayh-Dole le han dado creciente participación al sector privado en su complejo científico y tecnológico, hoy enfrentan crisis sistémicas por el poder de cooptación que el sector privado ha tenido del estado. Han afectado las lógicas públicas con sus propios intereses, creando coyunturas dramáticas de salud pública, como por ejemplo la crisis de los opiáceos. Insisto, dejar en manos del mercado la definición de un sentido de la utilidad de la ciencia, no solo es poco lucrativo y hasta te diría que antieconómico, sino que es directamente peligroso.
BL: ¿Existe un perfil del Conicet?
PS: Bien, es importante recordar que el Conicet tiene una historia que marca en buena medida su perfil. Una historiadora de la ciencia local (la Dra. Adriana Feld) estudió la creación del CONICET como institución de financiamiento y promoción de las ciencias Argentinas luego de la caída del peronismo. Fundado en 1955, cristaliza un ideal de ciencia y tecnología (la Ciencia Pura como la actividad teórica, y la tecnología como su brazo armado de aplicación de los saberes puros) que, muy en líneas generales es el que se consolida con el proyecto Manhattan. Los países que ganan la segunda guerra adoptan esa manera de entender las relaciones entre “ciencias básicas” y 19 “tecnologías”, y el propio concepto de Concejos Científicos se transforma en un clima de época, tanto en los países metropolitanos como en los semiperiféricos.
BL: ¿Cómo se ingresa al CONICET?
PS: Se ingresa a través de un sistema de concursos abiertos en el que los postulantes son evaluados por sus méritos de acuerdo a criterios propios de cada disciplina y teniendo en cuenta un plan estratégico que fija las pautas y las prioridades para cada área del conocimiento.
BL: Históricamente se ha criticado mucho el ingreso de los empleados al Estado. ¿El Conicet fue alcanzado también por estos prejuicios?
HF: La verdad, tampoco ha sido la excepción al respecto, pero es importante destacar que en el Conicet, los ingresos obedecen a las diversas demandas sociales y no se trata de reparto de prebendas como algunos malintencionados quieren hacer creer. Hay que tener en cuenta que existen tres formas de incorporación. El personal Técnico y administrativo y los investigadores que forman parte de la planta permanente pero con funciones diferentes ingresan a través de convocatorias anuales en las que los postulantes presentan sus antecedentes. Cada año el directorio establece un cupo de investigadores nuevos que ingresan al sistema de acuerdo a lineamientos que se establecen en el gobierno nacional.
BL: ¿Cómo es el caso de los becarios?
PS: El tema de los becarios es diferente. En principio las becas no serían estrictamente hablando una relación laboral ya que se consideran una ayuda económica para que los estudiantes de posgrado puedan finalizar sus tesis doctorales. Las becas tienen un tiempo fijado (5 años prorrogables a uno más) en el que el tesista se compromete a finalizar su tesis doctoral. Finalizado ese período, y terminada la tesis, los becarios en teoría tienen la opción de presentarse a la carrera de investigador. Y ahí viene la parte polémica. El sistema no asegura que todos los becarios se transformen en investigadores, pero al mismo tiempo el sistema invirtió varios años en un tesista que luego de su formación difícilmente pueda devolver los años de formación si no es dentro del sistema científico y/o académico.
BL: ¿Los investigadores deben rendir exámenes?
HF: Efectivamente, existe un sistema muy estricto de evaluación periódica en el que tanto el personal de apoyo como los investigadores rinden cuenta de sus avances en su trabajo. Cada uno o dos años (dependiendo de la categoría) uno debe realizar un informe de actividad que debe ser aprobado por el directorio del CONICET. Los criterios de evaluación son tanto cualitativos como cuantitativos y cada trabajador del CONICET debe demostrar su idoneidad. Así que no se trata de un cheque en blanco sino que se encuentra sujeto a control.
BL: ¿Cómo están los ingresos en la actualidad?
PS: Hoy por hoy los ingresos en todas la categoría, en especial CIC -Carrera del Investigador Científico y Tecnológico- y CPA -Carrera del Personal de Apoyo a la Investigación y Desarrollo- se ha paralizado por decisión del gobierno nacional. En cuanto a las becas doctorales su número se ha reducido mucho, motivo por el cual, muchos tesistas no pueden terminar sus investigaciones. Esto es un gran problema porque la planta de investigadores y CPA se reduce y envejece año a año ya que no existe recambio. Por el momento, el sistema científico está siendo vaciado por goteo. En tal sentido, aquí lo llamativo es la intensidad y la velocidad del proceso, porque la fragilización de las instituciones científicas locales (en especial del CONICET, del INTI, del INTA, entre las más conocidas) durante el siglo XX es un proceso recurrente, en especial durante gestiones signadas por su compromiso con el neoliberalismo. Las intelligentsias liberales locales han tenido muy escasa capacidad de sintonizar con la producción tecnocientífica en clave local.
BL: ¿Cómo se organiza la investigación en el CONICET?
PS: Los investigadores se organizan en cuatro grandes áreas: Ciencias Agrarias, de Ingeniería y de Materiales (24,6%); Ciencias Biológicas y de la Salud (27,6%); Ciencias Exactas y Naturales (21,4%) y Ciencias Sociales y Humanidades (23,6%). El trabajo como dije, combina investigación básica y aplicada, con fuerte vinculación a universidades nacionales y organismos públicos. No viene mal traer a colación que aún en estos tiempos de cuestionamientos, el CONICET figura en el puesto 22 del ranking SCImago 2023 entre organismos gubernamentales de investigación a nivel mundial.
BL: ¿Qué puede investigarse en el campo de las ciencias humanas, en especial la historia?
HF: Particularmente dentro de la historia, yo me avoque a la historia de las religiones. Mi tesis doctoral giró en torno a los conflictos teológicos entre sectas cristianas a principios de la edad media. Mi interés era analiza los discurso de intolerancia y el problema de la persecución de la disidencia religiosa. Aunque pueda parecer un tema alejado de nuestra experiencia actual las preguntas que me hice cuando empecé mi investigación eran muy actuales. Lo que me interesaba era entender las fuentes de la intolerancia religiosa y el fundamentalismo, cómo surgen y se consolidan los liderazgos religiosos y el papel del uso del pasado como herramienta de propaganda política. Era un pasado distante pero que tenía muchos puntos de contacto con nuestro presente. Hoy la intolerancia religiosa y el fundamentalismo tienen absoluta vigencia e indagar en el pasado puede ayudarnos a comprender qué nos pasa en el presente. En otras palabras, si bien los materiales con los que trabajé pertenecían a un tiempo muy lejano, mis preguntas eran muy actuales y buscaban ser pertinentes para nuestra sociedad. Como dijo un viejo historiador “toda historia es historia contemporánea”.
BL: ¿Cuáles son las perspectivas en materia de investigación en nuestro país?
PS: Particularmente el Conicet, enfrenta hoy el reto de mantener la excelencia científica en un contexto de recursos limitados, pero con gran capital humano. Y en ese contexto se busca aún potenciar la transferencia tecnológica hacia la industria y al sector público, fortaleciendo la innovación aplicada. Hay que destacar que la federalización de la ciencia es clave: proyectos desde la Antártida hasta la Puna, con impacto en comunidades locales.
BL: ¿Cómo se compatibiliza el uso de la Inteligencia Artificial (IA) en el campo de la investigación?
HF: El CONICET impulsa debates sobre la IA en múltiples campos, por ejemplo en educación existen estudios sobre el impacto de herramientas como ChatGPT en la enseñanza. y en la manera que circula la información. Sin dudas, la IA ha puesto en tensión nuestra propia concepción de lo real y de la información. El principal desafío es como promocionar el pensamiento crítico en la era de la inmediatez y de la sobre información. Hoy aquello que consideramos “lo verdadero” no depende los datos empíricos sino de complejos procesos mayormente emocionales en los que procesamos la información de acuerdo a nuestra manera de concebir el mundo. La IA nos libera de operaciones mentales que antes resultaban indispensables. El problema es que sin esas operaciones no ejercitamos el músculo cerebral. Es como ir al gimnasio para ver andar la caminadora… Asimismo, en el campo de las ciencias humanas las posibilidades son infinitas, la IA puede detectar patrones textuales o identificar información que a veces llevaría a los seres humanos años o décadas. Pero también tiene limitaciones que no creo que se resuelvan simplemente mejorando la IA. Al parecer la IA no es capaz de identificar eficazmente errores de interpretación y, al contrario, tiende a reproducirlos. Es una enorme base de datos que no es capaz de discernir si la unidad de información que usa es pertinente o no. Por eso sigue dependiendo del prompt con el que la alimenta el ser humano. Si el input humano es deficiente la IA no puede/sabe corregirlo. Pero la IA no puede aun suplir el trabajo analítico, las IA solo puede reconocer patrones, ordenar información pero carece de creatividad o intuición, no se pregunta cosas que no le haya cargado el ser humano. Creo que el trabajo humano sigue siendo indispensable…. También se trabaja con Neurociencias y datos, esto es, análisis de algoritmos y su capacidad para modelar procesos cognitivos. También en la Ética y la regulación, en orden a la preocupación por los efectos sociales y la necesidad de marcos normativos. La IA se percibe como una herramienta transversal, capaz de transformar tanto la investigación básica como la aplicada. También se incardinan investigaciones en orden a la Perspectiva futura, esto es, integrar la IA en proyectos de biología, salud, ciencias sociales y humanidades, con un enfoque crítico y responsable.
BL: ¿Algo para decir que hay quedado en el tintero?
PS: La verdad, mucho. El CONICET es un pilar de la ciencia argentina, con una tradición de excelencia y un futuro marcado por la incorporación de la inteligencia artificial. El desafío será equilibrar innovación y ética, garantizando que la IA se convierta en un motor de desarrollo científico y social.
El diálogo con los doctores Francisco y Sousa, deja en claro que la ciencia argentina no solo enfrenta desafíos estructurales, sino que también se nutre de la pasión y el compromiso de quienes la sostienen día a día. Sus reflexiones sobre la necesidad de políticas de largo plazo, la importancia de la transferencia tecnológica y el valor de la investigación básica, muestran que el conocimiento es un bien público que debe ser protegido y promovido. Ambos coinciden en que el futuro de la ciencia depende de la capacidad de articular esfuerzos entre el Estado, las universidades y el sector privado, sin perder de vista el objetivo central: mejorar la calidad de vida de la sociedad. En sus palabras, la investigación no es un lujo, sino una herramienta imprescindible para comprender y transformar la realidad argentina. Así, este reportaje se convierte en testimonio de una generación de científicos que, desde los laboratorios y las aulas, siguen apostando por un país donde el saber sea motor de desarrollo y justicia social.
Bitácora Laboral
